martes, 23 de mayo de 2017

Demasiadas horas...

Cada día, del alba al ocaso,
sin concederme reposo
hasta anunciarse el véspero:
mañanas y tardes versificando,
enfundado en ocasiones el veste
del rimador fracasado,
invocando las más de las veces
al huidizo y díscolo estro...
                                                                              Demasiadas horas
flagelando al intelecto,
incurriendo en redundancias,
tropos, aliteraciones,
perífrasis, anáforas,
dilogías, hipérboles,
paradojas, gradaciones...
                                                                           Demasiadas horas
 ejerciendo su albedrío
mi alígero pensamiento,
sintiéndome espectadora
y protagonista a un tiempo
de melodramática obra,
adivinando más que viendo
el velado perfil de las cosas,
intuyendo su silente fluir...
                                                                           Demasiadas horas
escuchando el rumor de la brisa,
admirando las purpúreas rosas:
mecidas por el soplo sutil,
ahondando en cada detalle
de todo y cuanto por doquier
ante mi visión se expande...
                                                                          Demasiadas horas
aislada en mi reducida isla,
obviando tus necesidades,
privándote de mi presencia,
en conflicto conmigo misma...

© María José Rubiera Álvarez





miércoles, 17 de mayo de 2017

Nacidos para morir

Hoy, dando rienda suelta
al cúmulo de sentimientos
que bullen en nuestro interior,
más que en ningún otro momento
trémulo el corazón,
húmedas de emoción las pupilas,
los labios pletóricos de besos,
arreboladas las mejillas...,
dándole vía libre al amor
uno al otro nos entregaremos
en cuerpo, alma, mente y pensamiento.
Y digo hoy, porque mañana
– ¡cuán lejano suena el vocablo!–,
mañana... quizá sea demasiado tarde:
viajeros de paso en la Tierra,
algún día partiremos
para nunca regresar... ¿o sí?
¿Morimos para renacer
una y otra vez, sin descanso ni fin...?
¿Adscritos los egos
al círculo de la vida y la muerte
rondan los mausoleos
en que yacen los descarnados huesos
de aquellos finados que alentaron
su desmedido egoísmo...?
¿Nos será posible algún día
dilucidar el enigma de la vida...?
Sea cual sea la respuesta,
nacidos para morir
no queda sino asumir
que somos hoy,
y mañana no seremos.

© María José Rubiera Álvarez




martes, 9 de mayo de 2017

La importancia de las palabras

Hay palabras que restallan
como látigos hendiendo el aire:
Palabras alevosas, calumniosas,
que dichas sin conocimiento de causa
destruyen la reputación
de las personas honradas.
Palabras hirientes, incisivas,
a semejanza de filosas espadas.
Palabras embaucadoras,
a rebosar de sofismas
encaminados a embaucar,
manipular y adocenar
a quienes faltos de criterio propio
entienden que son artículos de fe
a tener en consideración.
Palabras analfabetas, iletradas,
que en beneficio de la gramática
deberían ser aisladas
en estancias insonorizadas...

Pero también hay palabras
que enardeciendo los sentidos
embelesan al alma:
Palabras deliciosas
que a los oídos halagan.
Palabras tan luminosas
como el firmamento
al anunciarse el alba.
Palabras melodiosas,
que dotadas de música propia
a las fieras amansan.
Palabras dulces, melosas
que al espíritu enamoran.
Palabras que suenan a besos,
a requiebros emitidos
en la intimidad de la alcoba...

© María José Rubiera Álvarez