viernes, 16 de junio de 2017

Nunca... Y siempre

No me pidas que te relegue al olvido
cuando extinguida la mecha
que ilumina tu candela
de mi vera te hayas ido,
que dé fin a la promesa
de fidelidad eterna
y continúe viviendo
como si nada hubiera sucedido.
Tan penoso se me hará
transitar la vida a solas,
a solas... con la congoja
procurada por tu ausencia...
Noche tras noche,
                                                                  sola... siempre sola
hollaré la áspera arena
de la soledad perpetua,
                                                                   sola... siempre sola
deambularé la vivienda,
presintiendo tu presencia
en cada estancia recorrida.
Te evocaré a todas horas:
el murmullo de la brisa
y las susurrantes rosas
me recordarán tu argentina risa.
La luz del atardecer,
pausada en la floreciente morera,
me traerá reminiscencias
de aquella... primera vez,
en que me amaste y te amé:
el astro solar decaía
tras el ondulado otero,
y tú, yo... Nosotros...

© María José Rubiera Álvarez







jueves, 8 de junio de 2017

El acto de escribir

Letra a letra,
sílaba a sílaba,
verso a verso,
párrafo a párrafo
yo, escriba del alma,
desgrano su sentimiento
sobre folio inmaculado...
Y cuanto más escribo
más me doy cuenta
del tácito compromiso
que el escritor contrae con el lector
y rubrica consigo mismo:
instruirse, para luego instruir
y orientar al leedor primerizo,
documentarse de forma exhaustiva,
para luego documentar
de forma fidedigna...
Y cuanto más escribo
más reparo en el deber
que por cuestión de ética
el poeta o literato debe asumir
y llevar a la práctica:
revisar el texto, corregir las erratas
 y desechado lo mediocre
brindar al público
lo esencial de la obra escrita...
Y cuanto más escribo
más me embarga la sensación
de que aún me queda mucho por aprender,
porque escribir es algo más
que trazar rasgos caligráficos
y plasmar florituras trasnochadas
en una página en blanco...

© María José Rubiera Álvarez




jueves, 1 de junio de 2017

¿Hace cuánto...?

¿ Hace cuánto tiempo, amado,
que no te acojo en mi seno
y miel sobre hojuelas mis labios
no endulzan tus parleros labios...?,
¿cuánto, mi encantador de ofidios,
que esta aprendiz de Xana
no enarbola su varita mágica
y te somete a su hechizo...?
¿Hace cuántos días, vida,
que no te digo: "te adoro"...?,
¿ cuántos que no te ofrendo la oblea
que guardo como un tesoro...?
Lo cierto es que he perdido la cuenta:
A lomos de volátil soplo
raudos cabalgan los días,
jinetes consumados
apresurados recorren espacios,
cruzan líneas fronterizas
y en un santiamén los perdemos de vista.
Las semanas,
los meses,
los años
a la sima temporal se precipitan
y todo se revierte nada,
todo se cristaliza...

© María José Rubiera Álvarez